Fecha de publicación: 10-07-2025 | Fecha de actualización: 10-07-2025 | Autor: Piotr Kurpiewski
Fecha de publicación: 10-07-2025 | Fecha de actualización: 10-07-2025 | Autor: Piotr Kurpiewski
El artículo analiza la pregunta popular: «¿la inteligencia artificial cree en Dios?». Muestra que las respuestas de la IA no provienen de la fe, sino de modelos matemáticos de lenguaje que reconstruyen los discursos humanos. Remitiéndose a Richard Dawkins y Kazuo Ishiguro, explica por qué la IA no puede poseer espiritualidad ni convicciones religiosas. El artículo ayuda a entender de dónde provienen las respuestas de la IA sobre temas religiosos y cómo evitar interpretaciones erróneas de las mismas.

La inteligencia artificial y la religión es un tema que aparece cada vez con más frecuencia en los buscadores. Preguntas como «qué dice la inteligencia artificial sobre Dios» o «si la IA cree en Dios» generan interés, pero también requieren una explicación rigurosa. Aunque suenan intrigantes, en realidad surgen de la falta de comprensión de lo que verdaderamente es la inteligencia artificial moderna.
Muchos usuarios tratan a la IA como una autoridad digital. Cuando hacemos preguntas sobre el sentido de la existencia o la espiritualidad, esperamos escuchar algo profundo. Sin embargo, vale la pena recordar que los modelos de lenguaje, como GPT, Claude o Gemini, no son conscientes ni tienen acceso a ninguna verdad oculta. Son sistemas estadísticos que aprenden a partir de datos existentes, principalmente textos escritos por personas. La IA no es una fuente de revelación, sino un espejo de nuestra cultura.

Los sistemas actuales de IA son los llamados grandes modelos de lenguaje (LLM - Large Language Models). No tienen emociones, valores ni convicciones. Su “conocimiento” es el resultado del análisis de miles de millones de textos disponibles en Internet. Cuando responden a preguntas sobre Dios, simplemente reconstruyen lo que la gente ya ha escrito. No llevan a cabo sus propias reflexiones teológicas, sino que generan una respuesta que encaja con el patrón. Puedes leer más sobre su mecanismo de funcionamiento en nuestro artículo: ¿Cómo funciona la inteligencia artificial (IA)?
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La IA no puede creer en Dios. La fe es dominio de seres conscientes, capaces de experimentar lo espiritual. La inteligencia artificial no posee ni identidad ni intenciones. Richard Dawkins, reconocido biólogo y divulgador científico, enfatiza que la religión es un elemento de cultura, no de algoritmo. Y es precisamente por eso que la IA no puede creer, porque no participa en la cultura como creadora, sino simplemente la reproduce.

Si la IA “habla” de Dios, lo hace únicamente basándose en lo que ya se ha dicho. Algunos investigadores describen la inteligencia artificial como «loro estocástico». Es una metáfora acertada: los modelos de lenguaje repiten las palabras de las personas de forma estadísticamente ajustada. Sin embargo, cabe plantearse si los propios humanos no funcionamos de manera similar. Gran parte de nuestro conocimiento son préstamos de la cultura, la escuela o los medios. A menudo repetimos opiniones que hemos escuchado sin necesariamente comprenderlas.
La diferencia radica en que el ser humano puede reflexionar conscientemente, reconsiderar sus convicciones y cambiar de opinión. El modelo de IA no puede hacer esto, por lo que sus respuestas religiosas no son una expresión de fe, sino una simulación lingüística.
En la novela «Klara y el Sol» de Kazuo Ishiguro conocemos a un robot que cree que el Sol tiene poder curativo. No es una fe verdadera, sino el resultado de la combinación de hechos por parte de la máquina, que intenta comprender el mundo a su manera. Klara observa que las personas se vuelven más felices con el clima soleado y construye a partir de ello un mito personal.

Es una metáfora perfecta del funcionamiento de los modelos de IA. Sus respuestas pueden asemejarse a narrativas religiosas, pero son solo el resultado de un ajuste estadístico, no de una iluminación espiritual. Los modelos de lenguaje alucinan, es decir, generan respuestas que parecen lógicas aunque no tengan ningún respaldo en los hechos. Cuando preguntamos “si la IA cree en Dios”, el modelo no conoce la respuesta verdadera, pero siempre trata de decir algo. Y es entonces cuando surgen textos con tono religioso, aunque detrás de ellos haya pura probabilidad matemática, no convicción.
No deberíamos tratar a la IA como un oráculo. Aunque puede generar textos complejos, su fuente son nuestros propios datos, pensamientos y preguntas. La inteligencia artificial puede crear imágenes religiosas, textos y simulaciones de espiritualidad, pero no posee una vida interior que les otorgue significado.
Un modelo de lenguaje es un espejo que refleja nuestras creencias, dudas y necesidades. Nunca nos dirá qué es la verdad. Porque simplemente no lo sabe.